La tecnología que hace magia en el Volcán Masaya
Sam Cossman relata que para armar la expedición, se puso en contacto con toda una gama de expertos en diferentes ramas, entre ellos físicos, vulcanólogos, desarrolladores de software, científicos y, por supuesto, un experto en drones y equipo de producción.
“Empezamos a poner las piezas en su lugar para construir un sistema que nos permita tener un mucho mejor y más holístico sentido de lo que está ocurriendo bajo la superficie de este volcán”, afirmó.
Para comenzar, el equipo creó una especia de plano digital del volcán, lo cual ha sido hecho muy pocas veces en el mundo.
“Muy raramente, si es que alguna vez, alguien ha colocado tantos sensores en un volcán. Es como no sentirse bien, ir al doctor, y que sólo revise un aspecto de tu cuerpo. No te da la verdadera idea de lo que ocurre. Ser capaz de mirar todos estos parámetros y relacionarlos entre sí es donde reside realmente la magia”.
Un lugar extremo

Los 80 sensores que el equipo de Cossman está instalando en el volcán Masaya son de la más alta tecnología, capaces de resistir las condiciones extremas que presenta el coloso.
“(Los sensores) son de aproximadamente 3x4 pulgadas. Alcanzan en la mano, sin embargo son en verdad extremos. Uno tiene que muchas cosas en contra, entre ellas gases nocivos a altas temperaturas que son extremadamente corrosivos. Para darte una idea, colocamos un cabrestante nuevo de acero inoxidable una noche, y al día siguiente cuando lo encontramos parecía que había estado ahí por 200 años”.
“El calor por sí solo puede derretir las baterías dentro de los sensores, y además está la pluma (de gases). Es obviamente tóxica, pero también limita la radiación solar que usamos para cargar las baterías”.
Volcán Masaya: Lago de Lava

“Esencialmente, la mayoría de los instrumentos que estamos usando, incluyendo las cámaras, son desechables”.
A pesar de las condiciones, Cossman y su grupo bajarán unos 1,200 pies (la Torre Eiffel tiene aproximadamente 1 mil pies de altura) hasta colocar los sensores.
Una vez instalados, estos sensores transmitirán los datos en tiempo real a una base de datos, donde se podrán analizar las diferentes variables asociadas a la actividad volcánica.
“Por ejemplo, si cierto tipo de gas se vuelve prevalente, a la vez que se elevan los datos sísmicos, eso podría indicar que el magma está subiendo”, señaló.